Declaración de intenciones

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Declaración de intenciones

Si es necesario, soy capaz de tatuármelo en un lugar visible: Prohibido terminantemente encender la televisión después de comer hamburguesas. Creales con 0% de materia grasa, una crema corporal que reduce y reafirma zonas rebeldes, productos light, un frankensteiniano cinturón capaz de potenciar la musculatura a partir de ventosas y corriente eléctrica y, por si el asunto se pone feo, un milagroso número telefónico en el que, con una simple consulta telefónica, te invitan a quitarte kilos, años y, claro está, bastante dinero. Con siete de cada diez anuncios relacionados con lo mismo cada vez que hay un intermedio publicitario, cómo no voy a tener remordimientos de conciencia cuando, helado de chocolate belga en mano me dispongo a celebrar la siesta bajo una manta. ¿Es que existe alguna actividad más satisfactoria que ésta? Sólo me ocurre una y también está incluida en el pack… Ya sé , leeré un libro. ¡Vaya! Aún estoy embebido en esa draconiana dieta con la que Karl Lagerfeld se ha quedado como la mismísima Coco.

Vertigo

La otra alternativa, es acudir al gimnasio. ¿Sólo? Sí, sin remedio, a ver quién es el listo que cambia la manta por unas pesas un domingo por la tarde. Dicho y hecho. Entro en el Templo —así es como mi amigo Raúl llama a este lugar dedicado al culto al cuerpo— y enseguida un penetrante olor a mentol y cloro se apodera de mí. Observo cómo las recepcionistas me dan la bienvenida con una sonrisa más bien falsa como si murmuraran que estaban a punto de cerrar por falta de clientela. Subo al vestuario de chicos y…, la verdad, es una pena no poder incluir la banda sonora de Vértigo en esa secuencia de mi vida.

Giordano BrunoNo es que haya un maníaco esperádome en las duchas, que sería lo suyo dado el silencio reinante, sino una desafiante báscula. Me acerco a ella despacio, y, ¡sorpresa!, el veredicto no está tan mal del todo. Con unas ensaladas y unas intensivas sesiones de spinning, muy eficaces contra la flaccidez, todo estará bajo control. Al pasar delante de un cristal veo mi figura de perfil y otra vez la película de terror. El vestuario se ha convertido en la casa de los espejos.

En la sala de máquinas me encuentro con media docena de adeptos a la sesión dominical. Una cachas que no está nada mal, aceptable para hacer tiempo hasta y media, y el caballero de la barriguita, al que su esposa ha mandado a hacer deporte como primera medida para no abandonarle, la potente cincuentona adicta a los espectaculares arreglitos del milagroso número telefónico y las dos amigas, que con voz entrecortada a causa de tanto ejercicio planean darse un atracón de palomitas en el cine. En las pantallas de televisión cómo no, Ben Affleck, sus portentosos músculos y su última película… Él sería el numero uno de mi clasificación. Es el típico trasero que sólo quieres tener porque es el más deseado.. Si fuera chica me quedaría con el de Jennifer Lopez, un cuerpo por el que merece la pena pagar, en el cine se entiende. El de Victoria Beckham lleva incorporada toda una filosofía: como ella mismo dijo durante un paseo en bicicleta por Marbella: “Me ocupo de que mi trasero esté bien firme para que David no se fije en el de las otras”. Un ejemplo a seguir, sin duda, y un ranking ampliable hasta el infinito. Sólo hay que escribir la palabra clave en internet y comprobar todo lo que da de sí el tema. Ya lo dice el refran: sobre traseros no hay nada escrito… ¿O era gustos?

 

 

 

 

Giordano Bruno
(Director)

Author | Giordano Bruno Comments | Comentarios desactivados en Declaración de intenciones Date | 25/01/2016